La Milicia Nacional

Introducción:

Las Cortes de Cádiz promulgaron el 19 de marzo de 1812 la segunda Constitución de España y la primera elaborada por los españoles. El texto constitucional recogía en sus artículos 362-365 la creación de una Milicia Nacional.

Definición del concepto Milicia Nacional:

Para rastrear los orígenes de la Milicia Nacional debemos remontarnos a las Milicias Provinciales existentes en la España del siglo XVI, también las hubo en otros países, que recibirían su impulso definitivo en el siglo XVIII bajo los reinados de Felipe V y Carlos III.

En el contexto de la Guerra de Independencia desempeñaron un papel protagonista, en la lucha contra el invasor francés, los cuarenta y tres regimientos de Milicias Provinciales, pudiendo ser este uno de los motivos que llevaron a los diputados gaditanos a decretar por medio de la Constitución de 1812 la creación de las nuevas Milicias Nacionales. En virtud de lo estipulado por el texto constitucional, la Milicia Nacional quedaba definida como un cuerpo de carácter provincial diferenciado de las fuerzas de “continuo servicio” (ejército regular) y cuya actuación estaba limitada a su provincia salvo que obtuvieran el permiso de las Cortes para actuar más allá de sus límites provinciales. 

De carácter similar, fue la Milicia o Guardia Cívica implantada en la España ocupada por el gobierno de José I (hermano de Napoleón). Por medio de un reglamento, en el mes de abril de 1814 se estableció su composición, edad y condición de los milicianos. 

El golpe de Estado del mes de mayo de ese mismo año impidió la puesta en práctica de este reglamento que tampoco se aplicaría plenamente durante el Trienio Constitucional (1820-1823) con el restablecimiento de la Constitución de 1812.

Durante el Trienio Constitucional la Milicia Nacional Voluntaria (MNV) vivió una época dorada erigiéndose como la institución más pura y representativa del liberalismo español. A pesar de ello, la Milicia generó polémica entre los liberales. Muchos liberales consideraban que el nuevo régimen impedía la correcta organización de la MNV, acusación alineada con el reproche general que los liberales exaltados hacían a los primeros gobiernos liberales de carácter moderado sobre su falta de celo en el desarrollo del texto constitucional de 1812. Resultaba evidente que la MNV era menos querida por los moderados que por los exaltados, quienes llegan a calificarla como la “Patria Armada” y a considerarla como un apoyo fundamental para la Constitución y guarda de sus libertades. No obstante, en los primeros compases del Trienio, desde el ala moderada del sector liberal se puso en valor la Milicia reivindicándola como defensora de la libertad política, el orden público y la propiedad privada.

El reglamento provisional de abril de 1820 obligaba al miliciano a correr con los gastos del costoso uniforme que debían llevar compuesto por casaca larga y sombrero de tres picas. Esta imposición dificultaba enormemente la adhesión al cuerpo miliciano de los sectores más humildes de la población a los que apenas les llegaba el jornal para sustentarse. El reglamento que más tarde aprobarían las Cortes excluía de la Miliciaentre otros grupos socioprofesionales, como catedráticos, médicos y funcionarios, a los jornaleros. El reglamento aprobado por las Cortes dio como resultado una MNV integrada principalmente por artesanos y pertenecientes a las clases medias, es decir, aquellas capas sociales que contaban con un cierto nivel adquisitivo y que ideológicamente comulgaban con el régimen liberal. Sobre el papel, el reglamento de las Cortes de agosto de 1820 estipulaba la obligatoriedad de pertenencia a la Miliciapero la preferencia por la mayoría de los liberales de que conservase su carácter voluntarioy la resistencia espontánea al aislamiento derivó en que la Milicia legal o forzosa se quedase en nada. 

En el marco de una sociedad politizada como fue la del Trienio Constitucional, a la altura de 1823 se había consumado la división de la opinión pública y de los partidos que componían el espectro político con respecto a lo que opinaban sobre la Milicia Nacional. Por un lado, desde el sector moderado se criticó las inclinaciones revolucionarias y la presencia popular en las filas de la Milicia, a pesar de que como comentábamos anteriormente los legisladores habían excluido de su participación en el cuerpo a las clases humildes. 

Desde la cosmovisión liberal se pensaba que solo la Milicia Nacional sería de utilidad si estuviese compuesta solo por propietarios y no por proletarios que no estarían interesados en garantizar el orden. Desde una perspectivadiametralmente opuesta, los absolutistas consideraban a la Milicia Nacional como componente esencial del liberalismo y la revolución, con el doble agravante de su carácter popular y de la permanencia de muchos milicianos en sus lugares de origen tras la restauración de 1823, lo cual a ojos del bando absolutista hacía que la revolución estuviera presente en todas partes.

Tras la restauración del absolutismo, el régimen fernandino creó un cuerpo miliciano que recibió el nombre de voluntarios realistas. Determinados medios absolutistas sugirieron que en dicho cuerpo se habían infiltrado milicianos e incluso el propio Fernando VII tenía la creencia de que milicianos y realistas eran lo mismo. A pesar de ello, la opinión predominante de los españoles, a la altura de 1825 en función del cuestionario que lanzó el Duque del Infantado, era la de que los voluntarios realistas eran lo opuesto a los voluntarios nacionales. En este sentido eran muy distinta la visión que tenían del cuerpo de voluntarios realistas el pueblo y la que tenían las clases acomodadas y la policía fernandina.

Por su parte, el liberalismo progresista hizo de la Milicia Nacional una de sus señas identitarias y de punto de unión con las clases populares urbanas. Las constituciones progresistas de mediados del siglo decimonónico contemplan su establecimiento de forma análoga a los términos en los que la establecía la Constitución de 1812. El restablecimiento de la Milicia coincidía con la instauración en el poder de los liberales progresistas mientras que la llegada al poder de los moderados traía su disolución.

A pesar de la desconfianza que el sector moderado tenía hacia la Milicia, la necesidad de contar con un cuerpo armado al margen del ejército los llevó en 1844 a crear la Guardia Civil como alternativa conservadora a la Milicia con un carácter más rural que urbano. Mientras que la función clásica de la Milicia Nacional era la preservación de la libertad y el orden constitucional, la función del nuevo cuerpo creado era la de proteger a las personas y a la propiedad.

Con el triunfo de la Revolución Gloriosa de 1868, la Milicia pasó a denominarse Fuerza ciudadana de los voluntarios de la Libertad cuyo decreto constitutivo fue firmado por Sagasta en noviembre de 1868. Poco después La Primera República española creó el cuerpo de Voluntarios de la República tomando como base el reglamento de la MNV de 1822 incluyendo ciertas reformas en función de las nuevas circunstancias. Llegados a este punto, daba la sensación de que el recorrido histórico de la Milicia había tocado fondo. No obstante, hubo intentos de reconducirlaen un sentido conservador como la corta experiencia de la milicia burguesa de los años 1874-1875. También los hubo de adaptarla al programa ideológico del movimiento obrero, transformándola para ello en una milicia popular tal y como lo recogía el manifiesto fundacional del PSOE en 1879.

Bibliografía:

Juan Francisco Fuentes. Milicia Nacional. En Diccionario político y social del siglo XIX español.

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