Los tanques en la Primera Guerra Mundial

Los primeros tanques, o carros de combate, aparecieron por primera vez el 15 de septiembre
de 1916, por parte de los ingleses, en la batalla del Somme. Su misión principal sería la de romper las líneas enemigas y deshacerse de las alambradas que separaban las trincheras y
por las que habían perecido miles de hombres bajo el fuego de las ametralladoras. Este
arma que alcanzó su cenit táctico durante la Segunda Guerra Mundial, también tuvo cierta
importancia dentro de la Primera, pero es verdad que sin una concepción táctica definida y
sin ser el condicionante de victoria del bando aliado.

Abajo del artículo se encuentra el vídeo completo de Youtube

El desarrollo de estas bestias de metal fue dado por los británicos, que, ante el estancamiento de las líneas, querían construir un vehículo capaz de aguantar los disparos de las ametralladoras y cruzar a las líneas enemigas para destruir las alambradas, abriéndole el paso a la infantería. Precisamente por esto, Winston Churchill creó el Landships Comittee, un grupo de ingenieros encargados de la construcción de este tipo de vehículos, que aparte de garantizar el blindaje tenían que poder adaptar el movimiento del vehículo a cualquier terreno. Para que estos vehículos fueran todoterreno se decidió no dotarlos de grandes ruedas, sino de orugas como las que llevaban los tractores.

El primer prototipo que se construyó fue el llamado Little Willie producido por Walter Wilson
y William Tritton en septiembre de 1915, pero su fracaso en las pruebas para atravesar
trincheras hizo que se lo tuviera poco en cuenta (Willmott, 2004, p.164). Es importante
señalar que este prototipo de tanque fue el resultado de unir una máquina agrícola Lincoln,
con un tren de rodaje modificado (Vázquez García, 2014, p.102) .

El Little Willie contaba con un motor de combustión interna de 105 CV alimentado por
gasolina, y colocado en la parte trasera del vehículo. Este prototipo no contaba con una
torreta giratoria, sino que su armamento estaba compuesto por un cañón antiaéreo Vickers
de 40mm y 6 ametralladoras Madsen para complementarlo (Fletcher, 2001, p. 41). Su
velocidad máxima era de unos 3 km por hora, lo que es verdaderamente lento, y contaba
con una placa de acero de 6mm como blindaje. Además, una característica que no tendrá
el tanque final fueron las dos ruedas de arrastre que se encontraban en la parte trasera del
vehículo y que se suponía que le conferían estabilidad en los cambios de dirección, pero
que se demostró que no era útil. Este primer prototipo de tanque se quedó solamente como
un tanque para entrenamiento (Tucker, 2004, p.14).

Little Willie que se encuentra en exposición en el Museo de Tanques de Bovington

Más adelante, los mismos ingenieros construyeron el que sería el prototipo definitivo de
tanque y que evolucionaría al Mark I, el Big Willie o también conocido como “Madre”. Dicho
tanque superó con éxito las pruebas a las que fue sometido en enero y febrero de 1916,
cruzando una trinchera de 3m y trepando un obstáculo vertical de 1.4 m de altura (Willmott, 2004, p.164). Este prototipo fue realmente mucho más complejo que su predecesor, ya que, contaba con un peso de 31 toneladas y tenía un diseño en forma romboidal con un casco alto, largo e inclinado hacia arriba. A pesar de que el casco tenía una altura considerable, no se quiso aumentar más dicha altura añadiendo una torreta en la parte superior del tanque, sino que se decidió colocar los cañones en los laterales del vehículo. Dichos cañones tenían un calibre de 6 libras, es decir, unos 55mm, y se complementaban con dos ametralladoras. Por otro lado, este tanque aunque mejoró el blindaje de su anterior versión, pasó a ser de 10mm de acero, este no era suficiente para aguantar los disparos de la artillería alemana (Tucker, 2004, pp.16-17).

Fotografía del Big Willie que todavía incorpora las ruedas traseras en el modelo

Aún así y con todos los fallos, este tanque de 105 CV de potencia, dejó a todos los jefes
militares y especialmente a Churchill impresionados (Vázquez García, 2014, p.102). El
propio Churchill se decidió a financiar el proyecto con fondos de la Armada y más tarde
diría acerca de este carro de combate que era “el padre y en principio el prototipo de todos los tanques que lucharon en la Gran Guerra”. El único que no parecía impresionado fue Kitchener quién se refirió a él como un “bonito juguete mecánico”, lo que contrarrestaría con la visión del
resto de jefes militares (Tucker, 2004, p.16).

De este prototipo, se evolucionó al Mark I, retirándose eso sí las ruedas que tenía en la
parte trasera del vehículo, pero manteniéndose la forma romboidal y el esquema del
Madre”. Su peso oscilaba las 28 toneladas y contaba con una lenta velocidad máxima de
6km por hora, aunque mucho mayor que la del Little Willie. Cabe decir que había dos tipos
de este tanque, el “Macho”, con dos medias torretas con cañones navales de 6 libras que
salían de cada uno de los costados del tanque y cuatro ametralladoras Hotchkiss (Vázquez
García, J, 2004, p.102) , y la versión “Hembra” con siete ametralladoras (Willmott, 2004,
pp.164-165). Su primera aparición fue en la Batalla del Somme el 15 de septiembre de 1916, teniendo la misión de abrir una brecha en las alambradas y neutralizar las trincheras enemigas, intentando contrarrestar las ametralladoras, el arma más mortífera de la guerra.

Ese 15 de septiembre se desplegaron las 36 primeras unidades de este nuevo arma, atacando a los alemanes en el sector de Delville Wood. Aún así, la eficacia de los tanques quedó rápidamente cuestionada por las grandes averías que sufrieron algunas unidades y por la lentitud y vulnerabilidad de estos primeros modelos. Lo más positivo de esta primera prueba real fue la sorpresa táctica, ya que entraron algunas unidades de carros de combate en Flers. Al final del día solo sobrevivieron 9 tanques de los 36 iniciales.

Imágen de un carro de combate Mark I británico

Cabe destacar que este arma contaba con numerosas carencias; era más lenta que la
infantería; difícil de manejar por los soldados inexpertos; y verdaderamente vulnerables ante
el fuego enemigo, ya que, su blindaje no fue suficiente para parar el continuo asedio de la artillería enemiga (Vázquez García, 2014, pp. 100-101). Además, los soldados que manejaban estas armas, los generales que las dirigían y la infantería que las acompañaba, no tenían prácticamente nociones de cómo tenían que proceder, siendo un arma tan nueva que ni ellos mismos sabían utilizar correctamente. Habria sido interesante ver hasta que punto hubieran sido influyentes en la guerra si los Estados Mayores hubieran concebido un desarrollo táctico y estratégico más allá del de ser un escudo de balas.

En estos momentos iniciales, los tanques fueron muy cuestionados por sus
enormes fallos, pero no se detuvo ni un momento la investigación para hacer máquinas mejores. El Mark II, se desarrolló entre diciembre de 1916 y enero de 1917 por la compañía Foster & Co Metropolitan, con algunas mejoras con respecto al Mark I, pero debido a las dudas con las que contó este modelo, especialmente del alto mando inglés, se acabó utilizando mayoritariamente solo para entrenamiento, con lo que utilizó un blindaje de acero sin templar (Glanfield, 2001, p.176). Por lo tanto, el siguiente avance significativo en la creación de tanques por los británicos, obviando el Mark III que al igual que su predecesor se utilizó para entrenamiento, fue el Mark IV.

El Mark IV introducía una mejora en el radiador, un silenciador y orugas con un agarre
mejorado (Willmott, 2004, p.222). Su construcción comenzó en abril de 1917, siendo el
tanque más numeroso de la Primera Guerra Mundial, habiéndose construido al final de la
contienda 1.220 unidades, 420 “Machos”, 595 “Hembras” y 205 como transporte de
suministros. La versión “Macho” contaba con tres ametralladoras Lewis, una en la parte
delantera de la cabina y las otras dos en los lados de la carrocería, a las que se sumaban 2
cañones Hotchkiss QF de 6 libras 6cwt también en los costados, que tenían los cañones
acortados. Hay que tener en cuenta que si el cañón era largo provocaba que en algunas ocasiones se quedara encallado en el lodo o chocara con determinados obstáculos al intentar cruzar trincheras. El cañón acortado no repercutió negativamente en la calidad de los
tanques, ya que, como sus objetivos eran normalmente “blancos” sin blindaje, este
continuaba siendo extremadamente útil. Por otro lado, la versión “Hembra” no contaba con
cañones de 6 libras y solamente portaba 5 ametralladoras Lewis (Fletcher, 2013, p.59).

Un tanque Mark IV utilizando una viga desenzanjadora en 1917

La primera batalla en la que se utilizaron un número masivo de tanques fue la de Cambrai. En esta batalla, que duró del 20 de noviembre de 1917 al 6 de diciembre del mismo año, los ingleses utilizaron 474 tanques a modo de apoyo para la infantería. La estrategia principal consistía en atacar en Cambrai, en primer lugar para distraer la atención alemana del frente italiano y en segundo lugar porque era un punto poco guarnecido por los alemanes, por lo que se buscaba la sorpresa operacional. La táctica a seguir por los tanques era la de transportar fajinas que serían arrojadas a las trincheras para permitir el paso en algunos puntos a la infantería, mientras que luego apoyarían los ataques de la misma con sus cañones, especialmente contra ametralladoras enemigas. Al empezar la batalla el 20 de
noviembre, salieron 381 tanques en dirección a las alambradas, tomando por sorpresa a los
alemanes que despavoridos no sabían actuar ante esta ofensiva masiva de carros de
combate. Las operaciones durante el primer día fueron un éxito tan grande que se
destruyeron el equivalente de 2 divisiones alemanas, se tomaron 7.500 prisioneros y se
penetraron 8km dentro de las líneas enemigas, en lo que se vaticinó en los medios ingleses
como la mayor victoria inglesa de toda la guerra. El problema fue fundamentalmente que no
se pudo tomar el pueblo de Flesquières, por una mala coordinación entre infantería y carros
de combate, lo que provocó que se tuvieran que reanudar las operaciones en este punto
durante el día siguiente, consiguiendo capturar tanto este pueblo como Anneaux, Cantaing y
Fontaine, pero sufriendo un gran número de bajas.

El 22 de noviembre, los alemanes recuperaron Fontaine librándose una encarnizada batalla
en el pueblo que no benefició en absoluto a los tanques, ya que, las estrechas calles
dificultaban su maniobrabilidad, mientras que los alemanes, descubrieron el método más
efectivo de acabar con ellos, colarles paquetes de granadas en la parte inferior de los mismos, haciéndoles estallar. Al día siguiente, el 23 de noviembre, sólo quedaban 92 de los 474 tanques operativos, mientras que para el 26 ya no quedaban prácticamente unidades. Los alemanes comenzaron una contraofensiva el día 27 que hizo que los británicos se vieran obligados a retirarse la noche del 4 de diciembre, perdiendo parte del terreno que habían conquistado y consolidando la operación como un fracaso. Ambos bandos sufrieron 45.000 bajas, pero lo más relevante del desastre final inglés fue el demostrar que los tanques utilizados solamente como complementos de la infantería no fueron apenas efectivos, siendo contrarrestados totalmente por los alemanes carentes de esta arma (Willmott, 2004, p.220-223).

Por último, el Mark V tenía una forma más alargada y se desarrolló como el primer tanque
pesado con un solo conductor. Este tanque constaba de un nuevo motor inventado por
Harry Ricardo, de 6 cilindros y con una potencia de 150 CV, que tuvo que colocarse en el
espacio donde antes estaba el de 105 CV, lo que resultó complicado y trajo otros problemas (Fletcher, 2011, pp.5-6). Por otro lado, contaba con una caja de cambios con cuatro velocidades cuya velocidad máxima era de 8 km por hora y una autonomía de 70 km ( Vázquez García, 2014, p.174). Principalmente, los problemas más grave fueron el exageradamente alto calor que hacía dentro del vehículo, y el enorme ruido que afectó la comunicación de la tripulación. Este calor tan elevado, pretendió ser resuelto con la incorporación de un ventilador Keith montado en el techo, pero la nula salida de aire provocaba que a pesar de que este estuviera en movimiento por el ventilador, el humo de las armas y los gases de escape quedaran dentro del vehículo, lo que sumado al infernal calor provocaba que muchos soldados enfermaran o incluso que quedaran inconscientes.

Un tanque Mark V mostrando uno de sus cañones laterales

El Mark V fue utilizado principalmente por los rusos blancos en la guerra civil rusa, y por sus
enemigos del “ejército rojo”, ya que capturaron algunas de estas piezas y las usaron en su
contra. A pesar de que podamos pensarlo, este no fue el último tanque en ser utilizado
durante la Primera Guerra Mundial por parte de los británicos, la llegada de algunos tanques
más ligeros por parte de los franceses, motivó a los ingleses a hacer algo parecido, desarrollando el Whippet.

El Whippet fue un carro ligero inglés que pesaba 14 toneladas, si lo comparamos con el Mark V cuyo peso era de 29 toneladas, poco más del doble, era un tanque mucho más veloz, ya que, propulsado por dos motores Tylor de 45 CV cada uno, 4 cilindros, y con una caja de cambios con 4 velocidades, podía alcanzar una velocidad máxima de 14 km por hora, superando con creces la velocidad del resto de vehículos blindados de la época. Su dotación era de 4 hombres y el armamento consistía en 4 ametralladoras. Por otro lado, el blindaje mejoró con respecto a los modelos Mark pasando a tener un espesor máximo de 14mm (Vázquez García, 2014, p.174) .

En cuanto al combate, este tipo de tanque fue uno de los más efectivos y que más bajas causó
en la guerra, y eso que apareció a finales de la contienda. El 24 de abril de 1918, cerca de
Cachy, una dotación de 7 Whippets pudo acabar con dos batallones enteros de infantería
alemana que se encontraban al aire libre, matando a más de 400 (Jackson, 2010, p.12).
Otra acción de relevancia en la que participaron estos tanques ligeros fue la ofensiva de
Amiens, también conocida como “el Día Negro del Ejército alemán” (8 de agosto de 1918).
En dicha operación, en la cual también participaban tanques Mark IV y Mark V, los Whippets
atacaron la retaguardia alemana, destruyendo toda la artillería que tenían los alemanes en
un sector del frente. Además, en dicha batalla, un solo Whippet, apodado Musical Box,
causó el pánico en las líneas alemanas durante 10 horas, destruyendo una batería de
artillería, un globo de observación, una columna de transporte perteneciente a la 225a
División alemana y el campamento de un batallón de infantería, todo ello causando numerosas bajas.

Whippet firefly expuesto en el Museo del Ejército de Bruselas

A pesar de ser los primeros en introducirlos, los ingleses no fueron los únicos que utilizaron
tanques durante la Primera Guerra Mundial, es más, los franceses diseñaron el que
probablemente sería el germen de los tanques modernos, el Renault FT-17.

El Renault FT-17 tiene algunas características que pasarán a ser comunes en los tanques
modernos, un compartimento para la tripulación en la parte delantera, un compartimento
para el motor que se encuentra en la parte trasera, y lo que es más importante, un
armamento basado en una torreta completamente giratoria, lo que será totalmente
innovador en un carro de combate y permitirá el ataque desde cualquier ángulo (Zaloga,
1988, p.3) . Este tanque ligero de 7 toneladas portaba en la torreta una ametralladora
Hotchkiss de 8mm, aunque más tarde se le añadió un pequeño cañón Puteaux de 37 mm
(Zaloga, 2010, p.23). La velocidad máxima a la que podía llegar era de 8km por hora, lo que
no era una gran cosa si lo comparamos con los Whippet o incluso con los pesados Mark V
que alcanzaban la misma velocidad; pero donde sí que destacaba, aparte de la torreta, fue
en su blindaje, donde superaba con creces la de sus antecesores y la de los tanques
británicos, con 22 mm de acero. Por otro lado, un factor clave fue que estos tanques eran
perfectamente utilizables con una dotación de solamente dos hombres, que con la torreta
giratoria podían causar mayores estragos que los tanques más grandes (Vázquez García,
2014, p.173). Vista la calidad de estos tanques, los franceses fabricaron más de 4.000
unidades del mismo, siendo empleado también por los estadounidenses y extendiéndose su
uso hasta la Segunda Guerra Mundial ( Willmott, 2004, p.222).

Dos Renault FT-17 utilizados por tropas estadounidenses en Francia (septiembre de 1918)

Los franceses no se quedaron solamente en los Renault FT 17, sino que desarrollaron
tanques pesados incluso antes de fabricar el primero de los ligeros. A pesar de que estos no
fueron de mucha calidad, queríamos comentarlos, siendo estos el Schneider y el St.
Chamond
. El primero, que necesitaba de una dotación de 6 hombres, pesaba 13.5
toneladas, estaba armado con un cañón corto de 75mm y con dos ametralladoras y tenía un
modesto blindaje de 11 mm de grosor. Por otro lado, el segundo era una mole de 23
toneladas que contaba con un cañón de 75mm y cuatro ametralladoras, y aunque su
blindaje y velocidad fuera similar a la de los Schneider se necesitaba una dotación de ocho
hombres para manejarlo. Pero el problema de estos tanques no fue el grosor de su blindaje
o su elevado peso, sino su poca maniobrabilidad y su gran ineficiencia mecánica y
propensión a las averías (Vázquez García, 2014, p.173). Un hecho que muestra esto a la
perfección, es que de los 16 St. Chamond utilizados en mayo de 1917, 15 se quedaron
encallados al intentar cruzar las trincheras enemigas (Willmott, 2004, p.222).

Schneider CA-1 en el Musée des Blindés de Saumur
Fotografía de varios St. Chamond utilizados para entrenamiento en Fort du Trou-d’Enfer

Por último, cabe explicar el desarrollo de los tanques alemanes, desde luego los menos
utilizados y probablemente de peor calidad de toda la guerra. El A7V Sturmpanzerwagen,
contaba con una pieza principal de artillería de 57 mm, además de 6 ametralladoras. El
problema de este tanque, que necesitaba de una dotación de 18 personas, fue su
extremada lentitud en comparación con las versiones más avanzadas de los tanques
aliados y su dificultad para atravesar algunos terrenos (Willmott, 2004, p.222).

Como podemos ver, lo tanques en la Primera Guerra Mundial fueron el germen de lo que
ocurriría posteriormente, desarrollando las tecnologías y las innovaciones técnicas para que
estas evolucionaran a formas más complejas. Está claro que en cuanto a capacidades
técnicas los tanques fueron evolucionando a lo largo de toda la contienda y no solo en un
sentido vertical, sino que se desarrollaron formas totalmente nuevas donde por ejemplo el
Mark I tiene poco que ver con el Renault FT 17 francés. Pero en sentido vertical las
evoluciones técnicas fueron aumentando la velocidad de los vehículos, su autonomía, su
blindaje y sobre todo su armamento, siendo al final capaces de destruir otros vehículos
blindados o infraestructuras defensivas. El problema del tanque durante esta guerra es que
fue creado para un fin muy específico, atravesar las alambradas que daban paso a las
líneas enemigas y sus trincheras, lo que definió su acción de guerra durante toda la
contienda, siendo más complementos de la infantería que armas en sí mismas. Las únicas
piezas que actuaron con autonomía y fueron realmente útiles fueron los Whippet ingleses,
ya que solían actuar en las retaguardias enemigas aprovechando su movilidad y capacidad
ofensiva, acabando fundamentalmente con las líneas de artillería enemigas o las
ametralladoras. Está claro que en una guerra donde predominaban las ametralladoras, y la
poca movilidad, los tanques fueron un arma interesante; pero sus limitaciones y sus
enormes fallos redujeron sus posibilidades a ser meramente una sorpresa inesperada para
los alemanes. Por último, cabe decir que el factor táctico era nulo, realizándose movimientos arbitrarios y poco planificados que reducían todavía más su eficacia. La tecnología había superado al hombre y todavía quedaban algunas décadas para dominarla.

Una respuesta a «Los tanques en la Primera Guerra Mundial»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *